Alma surge como un movimiento de despersonalización del autor, una búsqueda visceral de identidad en tiempos líquidos, un sincretismo prácticamente alquímico de experiencias, materiales, manos, técnicas e individualidades.

Desde un accionar casi rupestre en el cual el proceso ocurre al develar mundos que aparentan estar dibujados detrás del soporte, los artistas se abandonan a la creación de entidades que los trascienden y exceden, que sirven de vínculo con realidades donde la imagen es representación del estado del alma.

Obras interconectadas, en ocasiones interpretables en posiciones alternativas, donde lo atroz puede ser alegre y lo bello inquietante, donde cada imagen es invitación a encontrar un nuevo micro mundo, donde cada alma se vuelve parte irremplazable en el alumbramiento de una pieza más de una gran serie.

Alma no propone diferentes series de trabajo, sino tomos de una historia viva. Estos no buscan exponer la aplicación de una técnica específica o el desarrollo de una idea única, sino simplemente la exposición del camino recorrido por aquellos individuos que se atreven a desviar su camino, fundiéndose en la confluencia de este cauce.